La segregación rampante

1. Cita APA 

Enguita, M. F. (2008). Escuela pública y privada en España: La segregación rampante. Revista de Sociología de la Educación-RASE1(2), 42-69.

2. Palabras claves 

Sistema económico, educación pública, educación privada, enseñanza 

3. Resumen o abstract 

La  fortaleza de un sistema educativo camina siempre a la par con la del sistema económico y político en que se inserta. La debilidad económica e ideológica de la clase burguesa y del sistema político (y a veces democrático) español a lo largo del siglo XIX y el primer tercio del XX se tradujo en la división entre «las dos Españas», tradicional y moderna, que tuvo su expresión educativa en la divisoria escuela pública / escuela privada. La privada fue siempre, con escasas excepciones, la de las clases privilegiadas, fundamentalmente en manos de la Iglesia católica; la pública lo fue también en secundaria, pero fue la de las clases populares, siempre inacabada, en primaria. El loable y efímero intento del paréntesis republicano fue truncado por la dictadura militar, que prolongó esta situación varios decenios más, hasta que la Ley General de Educación (1970), los pactos de la Moncloa entre el último gobierno del franquismo (el de su liquidación) y la oposición en el año de la inflexión a la democracia (1977) y la primera legislatura socialista (1982-86) dieron un fuerte impulso a la enseñanza pública y a la financiación de la mayor parte de la privada e hicieron por fin efectiva la universalidad de la educación obligatoria.

4. Conclusión 

En estas coordenadas, la vieja polémica enseñanza pública / privada amenaza ser más un pesado fardo que una herramienta social útil. La enseñanza privada, concertada o no, está ahí para quedarse, y las proclamas indiferenciadas en su contra, que ya no anuncian la toma de ningún palacio de invierno, no tienen otra función que la de lavar por contraste la cara de la escuela estatal y mantener la posición privilegiada de su funcionariado (no se debe ignorar que el profesorado español es el mejor pagado de la Unión Europea, después de Portugal y Grecia, a pesar de estar siempre en el cuartil de menor carga docente y presencial: véase Eurydice, 2003). 

 Una perspectiva más realista, en cambio, sería la de reformar la regulación tanto de la concertada como de la privada para forzar su subordinación a las políticas educativas y sociales globales, en particular para convertirlas en escenarios, aun limitados, de convivencia y de igualdad de oportunidades, condicionando a ello su financiación y su misma autorización. En el caso español, esto exigiría como corolarios la separación de la escuela y la iglesia (para acabar con las escuelas confesionales) y la financiación de todas las escuelas privadas sin excepción (para que cualquier alumno pudiese acceder a ellas). Pero también llevaría a un debate sustantivo, y no puramente ideológico, en el que salieran a la luz las deficiencias intrínsecas de la escuela estatal. 

Estatal o privada, que la escolarización sea realmente un servicio público, en condiciones de igualdad y de libertad, para todos los ciudadanos y para la sociedad, es un objetivo, no la patente exclusiva de ninguna red o colectivo.

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