Elección de escuela en sectores populares: Estado, mercado e integración social

1.Cita APA

Bellei, C., Canales, M., Orellana, V., & Contreras, M. (2016). Elección de escuela en sectores

populares: Estado, mercado e integración social.Revista Austral de Ciencias Sociales, (31),91-110.

2.Palabras clave: 

elección de escuela, estudios cualitativos, sociología de la educación, mercado educacional

3.Resumen

La libre elección de escuelas es considerada una pieza clave de las reformas de mercado en educación, especialmente cuando incluye la opción de escuelas privadas. Existe un amplio debate acerca de las consecuencias de estas dinámicas en las clases bajas, incluyendo si y como estos sectores participaran en la lógica de oferta- demanda que los proponentes del mercado educacional anticipan. Este articulo - basado en un estudio cualitativo en el cual se realizaron entrevistas y grupos de discusión en una zona popular prototípica de Santiago- busca comprender la elección escolar en la clase baja chilena. Los hallazgos permiten identificar dos tipos de electores: uno activo e intranquilo que lucha en la parte inferior del mercado educacional, y otro tradicional pragmático que permanece fuera del mercado, principalmente cobijado en la educación publica. Además, encontramos transversalmente una fuerte imagen social de la elección -para algunos la única real- de educación técnica-secundaria. Cada una de estas “elecciones” tiene para los padres de sectores populares una densa trama de significados, muy lejos de la caracterización pasiva del “no elector” de algunos estudios previos.

4.Conclusiones

De acuerdo con nuestros hallazgos, es destacable que entre los padres encontramos algunos que manifiestan confianza y valoración hacia la educación publica que reciben del estado. Por sus limitaciones económicas, no consideran “elegibles” las escuelas que cobran o no se muestran convencidos de que ese pago haga una diferencia; reconocen que algunos alumnos son indisciplinados y hasta riesgosos, pero creen que esas malas experiencias ocurren en todos los ambientes; se han informado que no todas las escuelas son accesibles, por ello se conforman cuando “encuentran un cupo” para sus hijos; tienen plena conciencia de que ocupan un lugar subordinado en la marcada estratificación social chilena, pero no creen que esté a su alcance vencer esa brecha socioeducativa. De hecho, lo que estos padres tratan de optimizar es el principio del esfuerzo individual: buscan agenciar el futuro de sus hijos de manera familiar, con las herramientas y recursos que cada uno logra gestionar. Sin hacer muchas comparaciones, con menos movilidad y sin pagar por la educación de sus hijos, estos padres están “fuera del mercado” educacional. En efecto, ellos están donde muchos otros no quieren y son (o conviven con) quienes los demás quieren evitar durante la formación de sus hijos.

La visión de estos padres de sectores populares de Santiago es similar a la que prevalece en padres de bajos ingresos habitantes de agrourbes que han tenido procesos de modernización menos intensos. Dichas familias expresan muy claramente la idea clásica de la educación pública como camino legítimo, y luego encarnan esta visión en su relación con el sistema educacional. En este camino depende de uno mismo y de la familia tener un rendimiento suficiente, no se aspira a mucho más. No hay por tanto mayor “elección escolar” salvo el camino técnico, que está en sí mismo naturalizado como el único posible. Incluso, llama la atención en estos sectores cierta critica o desconfianza hacia los establecimientos particular-subvencionados, sobre todo los de reciente creación: no habrían mayores razones para pagar por un servicio que, otorgado por el Estado, es gratis y de calidad aceptable.

 En lo sustantivo, las escuelas no debieran diferenciarse, por cuanto se espera que las oportunidades de aprendizaje sean similares en cualquier institución; “elegir” entre escuelas (por lo demás publicas y gratuitas), carece así́ de sentido. El estado, no el mercado, es el garante en este arreglo. Esta “ideología” de la educación de masas se completaba con una concepción fuertemente estratificada del logro educacional, basado principalmente en el merito (talento y esfuerzo) individual. Para los padres de clase baja que estudiamos, la presencia de liceos públicos académicamente selectivos encarna la viabilidad de esta angosta puerta a la movilidad social amplia y produce por tanto un efecto simbólico de coherencia a esta visión. La estratificación social de la carrera educacional completó su institucionalización en Chile por la vía de legitimar y expandir la educación secundaria técnico-profesional para los sectores pobres, proceso que se encuentra plenamente vigente. Estas familias han permanecido relativamente al margen del “mercado educacional” desarrollado en Chile. En efecto, la oferta de escuelas privadas subvencionadas, especialmente aquellas con copago, no se expandió́ en estos sectores sino hasta muy recientemente. Más aun, en lo esencial, estas familias confían en que su poder socializador mantendrá́ a sus hijos a salvo de los riesgos de vivir en zonas urbano-populares, desechando así́ lo que perciben como la principal promesa del sector privado.

Nuestro estudio también identificó el desarrollo de una visión alternativa a esta tradicional. Estas familias creen que la elección de escuela es muy importante para la adecuada integración social de sus hijos. La clave de sus decisiones es buscar las instituciones que permitan evitar a los hijos de familias que creen riesgosas; la actitud dominante no es de discriminación, socio fobia ni menos “arribismo”, sino de reconocimiento responsable de los riesgos que implica la socialización en entornos de exclusión social. Así,́ prefieren escuelas capaces de excluir (porque cobran o seleccionan) y evitan escuelas “basurero” donde se concentran quienes han tenido mala conducta o crónico mal desempeño. Aunque la distinción municipal/particular subvencionado es relevante, para la mayoría de estos padres es insuficiente: la escuela municipal es casi seguramente riesgosa, pero hay excepciones; y la privada subvencionada no garantiza nada por sí misma, porque sus (bajos) aranceles no son una solida barrera para el elevado riesgo ambiente. 

En consecuencia,  estos padres tienen una conducta activa de búsqueda, elección y vigilancia sobre las escuelas. Incluso, algunos padres buscan opciones fuera de su zona de residencia, para que sus hijos interactúen con compañeros de otras realidades sociales. Por cierto, dadas sus limitaciones económicas muchas veces experimentan la frustración de matricular a sus hijos en establecimientos que descalifican, y muchos de sus cambios de escuela en sentido “ascendente” y “descendente” están asociados a fluctuaciones presupuestarias en la frágil economía familiar, por lo que viven en una permanente sensación de riesgo.

Es precisamente una percepción exacerbada del peligro social circundante lo que creemos anima la intranquilidad de las familias de clase baja que adoptan esta aproximación activa respecto de la elección escolar, inquietud que creemos asociada con lo que ha sido conceptualizado en estudios recientes de estratificación social como “inconsistencia posicional”, un sentimiento generalizado en Chile, alimentado en los sectores pobres por la fragilidad socioeconómica y las amenazas y peligros urbanos. Pagar y preferir escuelas con cierta capacidad de exclusión (evitar las escuelas publicas) es visto como una forma de clausura social que permite distanciarse de familias percibidas como marginales, protegiendo a los hijos. La búsqueda de la “decencia” para sobrellevar la situación de pobreza, en contraposición a una actitud indigna que arriesga degradarse socialmente hacia el alcoholismo, la delincuencia o la drogadicción, resulta enormemente significativa para estos padres. 

Esta actitud marca una diferenciación estamental: en un contexto de política social focalizada, el pobre “decente” busca distanciarse de los bienes y servicios distribuidos gratuitamente por el estado, percibidos como “caridad”, cuyo estigma pone en duda el esfuerzo familiar; el pobre decente no espera regalos, trabaja para comprar. Nuestros hallazgos sugieren la extensión de esta lógica a la educación. Nótese que en un segmento social en que las diferenciales de ingreso son menores y en que la precaria economía familiar les hace transitar “alrededor” de la pobreza constantemente, estas distinciones simbólicas asociadas a pequeñas variaciones de precio-selectividad de las escuelas pueden adquirir enorme valor para las personas.

Para algunas familias de ciudades deprovincia, la experiencia o la percepción de los fenómenos urbanos emergentes -como la delincuencia o la drogadicción- ponen en riesgo la disciplina y la cohesión propia de la vida tradicional popular, haciendo deseable optar por colegios particular-subvencionados de rango inferior de precio, o incluso gratuitos, donde los segmentos peligrosos no logran llegar o si llegan no amenazan la sociabilidad buscada. 

 Es muy interesante que los padres de sectores populares tiendan a converger en su visión sobre la mejor opción para la educación secundaria. Contra el telón de fondo de los liceos públicos “emblemáticos”, quimera solo reservada para sus (improbables) hijos académicamente talentosos destinados a ser profesionales, se impone la opción prudente de la enseñanza vocacional. En el contexto de creciente masificación de la educación post-secundaria (que incluye carreras cortas y universidades poco selectivas), la elección de liceos técnico- profesionales aparece hoy menos costosa que ayer, cuando la garantía de una rápida inserción laboral como obrero calificado se hacia a costa de sacrificar definitivamente el sueno promocional. Así, la elección de modalidad de estudios secundarios que realizan las familias de clase baja se basa en una racionalidad de especialización curricular y conexión educación-trabajo cuyas bases (ahora sí, educacionales) anteceden la reforma de mercado aplicada a la educación.

En definitiva, comprender la elección escolar de las familias obliga a considerar el contexto social y de política publica, pues se trata de complejas racionalidades practicas, que ponen en juego un denso sustrato cultural, canalizado por una institucionalidad educacional particular. 

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